miércoles 7 de octubre de 2009

Typhoid Mary (María Tifoidea)


El otro día mientras ojeaba el Brock me encontré con la curiosa historia de una mujer llamada Typhoid Mary. Suena a paladín de Nurgle del 40 K, ¿Verdad? Pues la realidad en ocasiones supera a la ficción.

Como breve introducción, por si alguien no la conoce, os voy a contar algo sobre la Fiebre tifoidea (nada que ver con el tifus, que está causado por Rickettsias): Sin entrar en más detalles os diré que está causada por Salmonella typhi, un bacilo con flagelación peritrica Gram negativo, como todas las Salmonellas (Si, el mismo género que causa la salmonelosis).


El ciclo es el siguiente: S. typhi entra al organismo por contaminación del agua o alimentos o por vía fecal-oral. Una vez dentro del cuerpo se deja fagocitar por los macrófagos y en los estadíos finales de la enfermedad se acantona en la vesícula biliar. La contaminación de los alimentos y el agua es por tanto fecal. Las moscas pueden ser vectores, si se han posado sobre una mierda y acto seguido lo han hecho sobre el alimento fresco.

Los síntomas no son muy graciosos para el portador que digamos: Fiebre, cefaleas, una típica roseola en el vientre, úlceras en el paladar, en ocasiones diarrea y esplenohepatomegalia (inflamación del hígado y bazo). En los casos graves puede haber perforación intestinal y hemorragias, lo que llevan a la aparición de sepsias que pueden acabar en un shock séptico y si no se tratan a la muerte. La curación post-infectiva NO lleva a una inmunización en el sentido de que posteriores reinfecciones son posibles, aunque estas serían de una mayor benignidad que la primera.

Pues bien, una vez soltado el royo os cuento el sino de esta mujer: Mary Mallon era una Irlandesa que trabajó como cocinera en Long Island, Nueva York en varias instituciones y casas de huéspedes, por lo que su estatus era especialmente favorable para la difusión de la enfermedad. Lo más curioso de este caso es que Mary Mallon era una portadora sana y crónica de las fiebres tifoideas, cosa que más tarde sólo se ha descubierto en unos cuantos casos raros y aislados. Probablemente contrajo la enfermedad cuando su madre lo hizo estando embarazada de ella, con lo cual nunca tuvo noción de poseerla puesto que no desarrollaba la típica sintomatología.


Cuando un gran número de brotes de fiebre tifoidea se manifestaron en la ciudad, el Doctor George Soper investigó el caso y descubrió que Mary podía ser el posible origen de los mismos. Cuando se practicó un análisis bacteriológico de sus heces, los test dieron positivos, pero Mary Mallon negó tener la enfermedad por varias causas: Ya había encargado la realización de los test a un químico que conoció, cuyos resultados dieron negativos (las fiebres tifoideas no provocan la excreción continua de la bacteria, sino que ésta se produce en oleadas periódicas), y además había recibido un trato bastante rudo por parte de G. Soper debido a su origen Irlandés.

Tras esto se le ofreció la posibilidad de operarla para eliminarle la vesícula biliar, pero ella se negó, por lo que fue encerrada durante 3 años en prisión por un delito contra la salud pública. Tras ése tiempo, fue liberada bajo la promesa de que jamás volvería a cocinar para nadie excepto para ella misma y que se presentaría a las autoridades sanitarias cada 3 meses. No tardó en cambiarse el nombre y desaparecer del mapa, volviendo a ejercer de cocinera en hoteles, restaurantes y sanatorios, dejando una estela de fiebre tifoidea por doquier que resultó en un total de 53 infecciones de las cuales 3 acabaron en muerte. 5 años más tarde una investigación sanitaria en un hospital sacó a la luz la identidad de Mary, y esta vez fue encerrada para que cumpliera cuarentena durante el resto de su vida, que fueron otros 23 años, durante los cuales fue entrevistada por varios periodistas que ni osaban tocar el vaso de agua que ella tenía. Murió finalmente en 1938 de neumonía.

Y eso es todo. Ya me gustaría a mi ir infectando a ciertas personas rascándome el culo y metiendo acto seguido la zarpa en su comida...jejeje! Saludos!

NO a los recortes en I + D


...Que ya tenemos bastante con los del 39A....(Por cierto, los de Latbus son unos putos bastardos desgraciados).

Iniciativa sacada de Aldea Irreductible.

miércoles 16 de septiembre de 2009

Hoy nos vamos de noche macho

(pinchar para ampliar)

Y punto, cojones ya.

lunes 14 de septiembre de 2009

Un pequeño experimento literario (III)


Bueno, ya tenéis el siguiente capítulo de la historia en el blog de mi colega Gorzas. Podéis verla pinchando aquí.

Un saludo.

jueves 10 de septiembre de 2009

Un pequeño experimento literario (II)

La primera parte de este relato la podéis leer aquí.

Bueno, pues aquí llega la segunda parte de nuestro "novelón". Éste capítulo en concreto está hecho por mí. Espero que lo disfrutéis.

¡Un saludo!

Capítulo 2: La merienda

Cuando la policía llegó todo era un mar de sangre. Las vecinas más provectas cotorreaban asustadas con los policías encargados de ello (siempre ponen un par de policías que impiden pasar a la escena del crimen y entretienen y calman a las viejecitas y a los histéricos), y un continuo ir y venir de forenses en prácticas entraba a la habitación 302 del Hotel Gutiérrez. Los fotógrafos preguntaban al inspector Merenguer que qué tenían que fotografiar exactamente. Éste no sabía muy bien qué contestar, pues aquello que ante él se hallaba era una masa informe untada en sangre. Si tuviera forma más redonda parecería una manzana de caramelo de las que venden en las ferias. En ese preciso instante entró el inspector Raúl y echó un vistazo al asunto. Y menudo asunto. Profirió un largo silbido que expresaba perfectamente lo que pensaba. Nunca tan pocas palabras habían descrito tanto una opinión. Tras rodear un par de veces al cadáver le preguntó a Merenguer los detalles.

- ¿Qué dice el médico forense?

- Que la hora de la muerte fue alrededor de las 3:00 de la mañana, y poco más. A bueno, sí, que la causa de la muerte son múltiples cuchilladas.

- Joder, una le dio en el ojo.

- Sí, ya me había fijado. Menudo hijo de puta.

- Nunca había visto tanta saña empleada en apuñalar a nadie.

- Y que lo digas.

Tras ese breve intercambio vocal Raúl dio un par de vueltas más al cadáver y preguntó que si todo estaba ya bien documentado. Cuando los fotógrafos y el forense le contestaron afirmativamente, dijo:

- Pues ale, que nos la empaqueten y para casa.

Tras eso, miró el reloj y pensó que ya iba siendo hora de ir a tomar la merienda al bar. Firmó los papeles que tenía que firmar y se puso a conversar con Merenguer mientras bajaba las escaleras.

- ¿Tú que piensas Merenguer?

- Yo que se…un colgado, de los muchos que pueblan la faz de la Tierra.

- ¿Se la folló?

- ¿Cómo?

- Que si se la folló.

- Las pruebas forenses indican que no.

- Ajá.

Y eso fue la mayor parte de toda la conversación del día ya que Merenguer y Raúl se metieron a continuación en el Blooz, un garito donde ponen blues pero que por alguna extraño alineamiento astral confuso estaba cascando toda la discografía de Amy Winehouse. Ambos se pidieron sendas cervezas de importación y las correspondientes olivas y boquerones, y abrieron sendos periódicos sumiéndose en profundas divagaciones filosofales.

Merenguer terminó la página de deportes y de pronto, al pasar la hoja, vio la cara de Raúl en máximo estado de concentración. Se estaba haciendo mayor y se le notaba, y aunque la carga de los años marcaba profundos surcos en su sien y al lado de los ojos, uno sabía nada más con mirarlo que esas estrías también representaban un labrado y todavía muy activo cerebro, con una gran capacidad deductiva y para nada desgastado. Raúl había resuelto muchos de los más difíciles casos de aquella pequeña ciudad, y su rostro serio pero tranquilo transmitía una extraña serenidad que hacía pensar al que hablaba con él que éste no sería una excepción. Cuando acabaron de leer dejaron los periódicos sobre la mesa, apuraron el último trago, y sin mediar más que un simple “adiós” se despidieron hasta el día siguiente.

Raúl se fue meditando a su casa sobre lo que había visto, y nada sacó en claro de todo el asunto. Estaba claro que habría que esperar hasta el día siguiente para ver los resultados de las pruebas y poder tener así algo más de información con la que jugar las cartas. Así pues, como no era una persona obsesiva, se quitó el tema de la cabeza y cuando llegó a lo alto de su rellano ya no se acordaba ni de la grotesca escena. Abrió la puerta de su casa y encendió la luz. Miguela salió a saludarle con suaves ronroneos y se restregó por sus piernas. Raúl sonrió pues siempre es agradable tener a alguien que te espere en un pequeño apartamento solitario y oscuro como el de él. Se desnudó, se puso la bata y las chanclas y aposentó su gran barriga y su culo en su cómodo sillón dispuesto a ver alguna película infame de las que estaban poniendo. Al poner la tele salieron las noticias, que ya estaban informando sobre el asesinato. Las cámaras habían grabado la mancha de sangre (que era inmensa) que había dejado el cuerpo de la víctima al ser retirado, y una señorita de pelo muy arreglado comentaba que por ahora no había sospechas de nadie, puesto que la víctima no tenía pareja sentimental actualmente. Raúl cogió el manojo de papeles de la investigación que descuidadamente había dejado al lado del sofá, y rebuscó entre los datos personales de la mujer asesinada. Según las declaraciones de la madre, efectivamente la mujer no poseía pareja estable en la actualidad, aunque hacía un par de años que había estado viéndose con un tipo descrito por la anciana como “raro”. Raúl pensó las veces que había oído la palabra “raro” en boca de la madre de una víctima refiriéndose a su pareja sentimental. Las madres siempre son superprotectoras con sus hijos. Nadie es demasiado bueno para ellos.

Decidió dejar el portafolios de nuevo cerrado en un lado y cambiar de canal, consiguiendo encontrar uno en el que estaban poniendo una puta mierda. Perfecto. Miguela se subió en el regazo de Raúl y se quedó dormida mientras que éste acariciaba cariñosamente su pelo suave. El detective no tardaría en acompañarle en su aventura onírica.

lunes 7 de septiembre de 2009

Un pequeño experimento literario (I)


Hoy a las tantas de la mañana me sentía inspirado y se me ocurrió una pequeña idea. Tenía ganas de escribir algo pero no un algo vulgar..quería hacer una historia a medias con alguien y permitir que el otro desarrollara sus conceptos basándose en el trozo que yo había escrito. Y mi colega Albert accedió a ser ese alguien. Hablando un poco del asunto se nos ocurrió que podríamos ir alternando capítulos de unas pocas páginas cada uno. El otro tendría que basarse en lo anterior para continuar la Odisea. Albert perdió una partida al Uno y le tocó empezar. Mal asunto...al ver en qué me había metido se me desorbitaron los ojos. Pero hay que continuar...son las reglas. Y este es el primer producto de nuestro pequeño proyecto conjunto. Espero que lo disfrutéis.

Un saludo.

PD: La obra de momento no tiene título. Se aceptan sugerencias.





Capítulo 1: La primera vez.

-Voy a ser sincero contigo. Siempre he sido sincero contigo, no sé por qué ahora debería dejar de serlo. ¿Me notas nervioso? Es normal que me notes nervioso. Posiblemente esté más nervioso de lo que tú lo estás . Mira mi mano. Me tiembla, hacía mucho que no me temblaba. Estoy decididamente nervioso. No es casualidad, es la primera vez que hago algo así. Lo reconozco. Es la primera vez. Ya, lo sé, soy mayor, debería haberlo hecho antes. Pero no me avergüenzo. De hecho, me considero afortunado de que seas mi primera. Orgulloso. Sólo espero no hacerte daño y que si lo hago lo entiendas, es mi primera vez. O, bueno, al menos no más del necesario. -le digo.

Trato de tranquilizarla. Pero ella sigue moviéndose, dando tumbos. Está maniatada y amordazada, muerta de miedo. Sólo espero que entienda que es necesario, que lo hago por mi bien. Que lo necesito para mejorar. Pero ella sigue tratando de zafarse de sus ataduras. No entiende nada. Me duele que no sea capaz de preocuparse por mí ni en un momento tan importante en mi vida como éste. Sujeto el cuchillo con fuerza y lo observo. Bien limado y afilado. ¿Es quizás la opción más adecuada? Al menos la primera que se me ocurre. No quiero hacerle daño pero no me ha dejado otra opción. Ella llora. No me parece justo. El que lo está pasando realmente mal soy yo, no ella. No puedo creer que sea tan egoísta, como si esto fuese fácil para mí.

-¿Ves este cuchillo? Supongo que ya habrás asimilado lo que va a pasar. No quiero andarme con sutilezas, siempre he sido sincero contigo, no sé por qué habría de dejar de serlo ahora. ¿Por qué con un cuchillo? Creo que siempre he sentido esa curiosidad. No me atraen los cuchillos en sí, más que para quehaceres culinarios. Pero siempre he tenido ganas de comprobar, por mí mismo, si es verdad que, si te hieren, eres capaz de sangrar. O si esta sangre es roja como la del resto de los humanos. Nunca te he visto enfermar, nunca sangrar. ¿Será verdad que no corre por tus venas? ¿Que eres un robot? ¿O un yo qué sé tan difícil de explicar? Seguro que hay otras opciones, igualmente necesarias, menos dolorosas. Como el monóxido de carbono. Lo inhalas durante un tiempo y hasta luego. De hecho, llegué a pensar en ello como una opción real pero no satisfaría mi curiosidad.

Me acerco y le quito la mordaza. Le señalo el cuchillo, dejándole claro que se tranquilice o me veré obligado a utilizarlo antes de tiempo. No sé si quiero que llegue la hora. Me gustaría que lo hiciese otro y yo sólo mirar cómo se le va escapando la vida por instantes. Pero es mi batalla y he de ser yo quien la libre. Es necesario. Es lo que necesito.

-Por favor, déjame ir a casa. Te prometo que no le contaré a nadie nada de esto, te lo ruego. No tienes por qué tirar tu vida de esta forma. -dice.

-Dime. ¿Cuántos tíos te tiraste cuando estábamos juntos? ¡Contesta!

-¿A qué viene esto? Déjame ir, por favor. No quiero morir. Por favor.

-¡Contesta! ¡No quiero matarte sin saber todo lo que quiero saber!

Empieza a llorar. No consigo entender nada de lo que dice, seguramente nada útil. Me enfado y le grito más fuerte. Mi técnica pasivo-agresiva parece no funcionar.

-¿Con cuántos? -digo.

-Yo... no sé.

-¿No lo sabes? ¡Serás puta!

Le doy en la cara con la empuñadura del cuchillo, con fuerza. Inmediatamente, me arrepiento de mi acto. Le pido perdón y me acerco a darle un beso en la mejilla. Aunque se resiste, consigo dárselo. Seré un asesino pero no quiero quedar también como un maltratador. Tampoco creo que matarla me convierta en un asesino. ¿Una muerte necesaria puede considerarse asesinato? Sólo soy un hombre que quiere volver a ser feliz.

-Contesta, por favor. Necesito saberlo. -le digo.

-Con... ninguno. -acierta a decir.

-No me mientas, no necesito que me mientas. Necesito que seas sincera, necesito odiarte. ¿No lo entiendes? Necesito olvidarte.

-Ésta no es la solución, por favor. Déjame ir. -dice.

-No puedo dejarte ir, lo he intentado todo. No se me ocurre otra solución.

-¿Qué puedo hacer? Por favor, algo podré hacer. ¿Quieres sexo? Puedo volver a ser tu novia, si quieres. Pero por favor, déjame vivir.

-El sexo pensaba obtenerlo después de todas formas. ¿Y mi novia? El instinto de supervivencia te hace decir cosas que realmente no sientes. No eres capaz de ser sincera conmigo. Nunca lo has sido. Y yo siempre, no es justo. Nunca te he mentido.

Cojo el cuchillo con fuerza. No sé cómo lo hacen en las películas para matar a alguien de un golpe certero con esto. No quiero que agonice, quiero que muera de una sola estocada. Se lo debo. Igual que ella me debe esto. Levanto el cuchillo y lo clavo con toda la fuerza que puedo en el hombro. Sigue viva. Sigue llorando. Pide auxilio como si le doliese a ella más que a mí. No es justo. No ha sido justa conmigo. Siempre he sido bueno con ella. ¿Por qué no se puede calmar en un momento de mi vida tan importante como éste? Es mi punto de inflexión, es un cambio de vida. Empieza a convulsionarse cada vez más fuerte. Trato de contenerla pero no puedo. Mientras, intento asestarle una cuchillada en el corazón y acabar con esto cuanto antes, pero voy fallando continuamente dándole en diversas partes del cuerpo, especialmente en la cara. Tengo muy mala puntería, por suerte no me dedicaré a esto profesionalmente. Eso espero. Sangra a borbotones. No para de gritar. Quiero que se calle de una vez. Una de las estocadas le da en un ojo. Aprovecho para agarrarle la cara como puedo y clavar más hondo el cuchillo. Un leve susurro que quería ser grito sale de su boca. Su último suspiro. Se queda quieta y cae al suelo. Como tenía planeado, ya inánime, procedo a desatarla. Su cara se ha convertido en un desaguisado caótico, una cirugía facial inacabada realmente horrible. Su pecho está reventado por todas las cuchilladas que le arreé. No quería que fuese así. No esperaba que quedase así. No es la famosa erótica cadavérica que esperaba encontrar, ni siquiera suficientemente erótica para un tipo con tantas tragaderas como yo. Ahora me arrepiento. He cometido un gran error que no podré subsanar jamás, un error imperdonable. No debí usar un cuchillo. Debí utilizar monóxido de carbono.

jueves 27 de agosto de 2009

1 Imagen vale más que 1000 palabras





Epílogo: Tras esto la Laura la ranita llamó al 016 y los GEOS llegaron tras 1,3 yoctosegundos, pegaron una paliza al murciélago maltratador, lo arrestaron, le pusieron una orden de alejamiento y le quitaron la tutela de sus dos hijos (El pequeño se ahogó al permanecer en la charca-apartamento de Laura demasiado tiempo debido a que no poseía respiración tegumentaria y al resultarles francamente molestas las alas para nadar. Los dos mayores se presentaron al casting de la pajarería de Transilvania y ganaron un papel como extras. Ahora viven felices en una charca de Florida y de vez en cuando viajan a Somalia de vacaciones)