martes, 3 de marzo de 2009

Nada en particular



Hoy es un día cualquiera. Me levanto tempranísimo (las 7:15 no deberían existir), voy a clase, aguanto 2 horas de inglés, 1 de Fisiología Vegetal, y otra adicional de Fisiología Animal. Entrego los trabajos que tenía que entregar, y escribo rápido y sin quejarme hasta que me duele tanto la muñeca que el dolor acaba transladándose a mi cabeza.

Agobio.

El salir tarde, hambriento y mareado tampoco ayuda. Cuando abro la puerta de la facultad un viento punzante azota mi cara y las gotas de lluvia encrespan los pulcros pelos alisados de unas cuantas pijas que acaban de asomarse al mundo exterior. Miro a mi alrededor buscando una mirada amiga, pero la gente no está para gilipolleces. Y más concretamente, no está para mis gilipolleces. Se apresuran a abrir el paraguas y salir cagando leches a coger el bus, que ya se está yendo. El cielo amenaza con su gris lupino y tras 5 minutos en la parada logro al fin dejar el campus.

Frío.

En el autobús la gente habla, ríe, comenta. Sus preocupaciones mundanas me parecen en ese momento vacías y caprichosas. Me siento sólo en la parte trasera, pegado a la ventana, y me dedico a observar como las gotas se deslizan por el cristal. Me entretengo en adivinar cuál llegará antes que la otra. Veo a la gente si paraguas correr por la calle, con periódicos en la cabeza, gabardinas y maletas marrones, esquivando el agua que se acumula y salpica cuando pasan los coches, hasta que llego a mi destino.

Recorro el breve trayecto que hay hasta mi casa y abro la puerta. Mi familia está recogiendo ya la mesa (afortunadamente). Y a partir de ahí todo es igual. Discusión por aquí, discusión por allá, e incluso hoy por si fuera poco también toca discusión por teléfono.

 Finalmente llega la noche, y mi madre para de entrar a mi habitación y se va a dormir. Mi padre apaga el ordenador y deja de gritar, marchándose a la cama también, al igual que mi hermano. El tumulto de los vecinos poco a poco empieza a disminuir e incluso apago el CD de Megadeth que lleva sonando 20 minutos. Entre las mantas y edredones (que me cubren hasta la nariz) escucho el ruido del agua cuando golpea las aceras y un sopor empieza a invadirme. Por fin, una sensación agradable logra penetrar en mi cuerpo y la mente se me queda en negro. Al principio no logro saber qué es, ni de dónde procede. Sólo se que es maravilloso, que es lo mejor sin duda de éste día en particular, y que por mi al resto del mismo le podrían haber dado bastante porculo. Y de pronto, la respuesta aparece en mi mente, como si súbitamente se condensara de la nada:



Silencio.

7 comentarios:

elmudo dijo...

Acojonantemente bueno, y mira que me jode decirlo.

Azrael dijo...

Muchas gracias. Sabía que ibas a ser el primero en escribir!

Skerikia Koli dijo...

guapísimo!! a medida que iba leyendo me iba lamentando por mi decadente habilidad narrativa. Yo también había pensado hacer uno de estos hace tiempo... pero se ve que me entretuve con otra cosa xDD

Muy guapo como has hecho una cosa de tal calidad a partir de una mierda de día. En serio, me ha encantado

Gorzas dijo...

Muy bueno, no te pega en absoluto, jajaja.

Saludos.

Skerikia Koli dijo...

coincido con el cano xDD, pero no dejar de estar bien :)

Azrael dijo...

Jajaja! Uno tiene sus momentos..ayer me sentía así y me salió solo.

Joe, me habéis sacao los colores...

Supongo que en los días de mierda uno se siente identificado con mi relato..jejeje!

Anónimo dijo...

No, qué coño, no seas modesto, que es muy ridículo: es que lo has clavao.
elmudo.